The Economy of Francesco, November 21 2020

Nosotros, jóvenes economistas, emprendedores, agentes de cambio del mundo,

convocados en Asís por el Papa Francisco,

en el año de la pandemia COVID-19, queremos enviar un mensaje

a los economistas, empresarios, decisores políticos, trabajadoras y trabajadores, ciudadanas y ciudadanos del mundo,

para transmitir la alegría, las vivencias, las esperanzas, los retos que hemos madurado y recogido en este período escuchando a nuestra gente y nuestro corazón. Estamos convencidos de que no se puede construir un mundo mejor sin una economía mejor y que la economía es demasiado importante para la vida de los pueblos y de los pobres como para dejar de ocuparnos todos de ella.

Por esto, en nombre de los jóvenes y de los pobres de la tierra,

pedimos que:

    1. las grandes potencias mundiales y las grandes instituciones económico-financieras desaceleren su carrera para dejar respirar a la tierra. El COVID nos ha hecho desacelerar sin haberlo elegido. Cuando el COVID pase, debemos optar por desacelerar la carrera desenfrenada que está asfixiando la tierra y a los más débiles;
    2. se active una comunión mundial de las tecnologías más avanzadas para que también en países de bajos ingresos se puedan realizar producciones sostenibles; se supere la pobreza energética ‒fuente de disparidad económica, social y cultural‒ para lograr la justicia climática;
    3. el tema de la salvaguardia de los bienes comunes (especialmente los globales como la atmósfera, los bosques, los océanos, la tierra, los recursos naturales, todos los ecosistemas, la biodiversidad, las semillas) sea un punto central en las agendas de los gobiernos y de la enseñanza en las escuelas, universidades, escuelas empresariales de todo el mundo;
    4. nunca se vuelvan a usar ideologías económicas para ofender y descartar a los pobres, a los enfermos, a las minorías y los desfavorecidos de todo tipo, porque la primera ayuda a su indigencia es el respeto y la estima de sus personas: la pobreza no es una maldición, es solo una desdicha, y no es responsabilidad de los pobres;
    5. que el derecho al trabajo digno para todos, los derechos de la familia y todos los derechos humanos sean respetados en la vida de cada empresa para cada trabajadora y cada trabajador,  garantizados por las políticas sociales de cada país y reconocidos a nivel mundial con un estatuto compartido que desaliente las opciones empresariales orientadas solo al lucro a costa de la explotación de los menores y los más desfavorecidos;
    6. sean inmediatamente abolidos los paraísos fiscales en todo el mundo porque el dinero depositado en un paraíso fiscal es dinero robado a nuestro presente y a nuestro futuro y porque la primera respuesta al mundo post-COVID será un nuevo pacto fiscal;
    7. se creen nuevas instituciones financieras mundiales y se reformen, en un sentido democrático e inclusivo, las ya existentes (Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional) para que ayuden al mundo a recuperarse de las pobrezas, de los desequilibrios producidos por la pandemia; se recompensen y fomenten las finanzas sostenibles y éticas, y se abatan las finanzas altamente especulativas y depredadoras mediante una tasación adecuada;
    8. las empresas y los bancos, especialmente los grandes y globalizados, introduzcan un comité ético independiente en su gobernanza con veto en materia de medio ambiente, justicia e impacto sobre los más pobres;
    9. las instituciones nacionales e internacionales prevean premios para apoyar a empresarios innovadores en el ámbito de la sostenibilidad ambiental, social, espiritual y, no última, gerencial porque solo repensando la gestión de las personas dentro de las empresas será posible una sostenibilidad global de la economía;
    10. los Estados, las grandes empresas y las instituciones internacionales asuman el compromiso de una educación de calidad para cada niña y niño del mundo, porque el capital humano es el primer capital de todo humanismo;
    11. las organizaciones económicas y las instituciones civiles no estén tranquilas hasta que las trabajadoras no tengan las mismas oportunidades que los trabajadores, porque las empresas y los lugares de trabajo sin una adecuada presencia del talento femenino no son lugares plena y auténticamente humanos y felices;
    12. pedimos, por último, el compromiso de todos para que se acerque el tiempo profetizado por Isaías: “Harán arados de sus espadas y sacarán hoces de sus lanzas. Una nación no levantará la espada contra otra y no se adiestrarán para la guerra. (Is 2, 4). Los jóvenes ya no toleramos que se sustraigan recursos a las escuelas, a la salud, a nuestro presente y futuro para construir armas y alimentar las guerras necesarias para venderlas. Nos gustaría contarles a nuestros hijos que el mundo en guerra terminó para siempre.

     

    Todo esto ‒que nosotros vivimos ya en nuestro trabajo y en nuestros estilos de vida‒ lo pedimos sabiendo que es muy difícil y quizás muchos lo consideren utópico. En cambio, creemos que sea profético y por tanto que podamos pedir, pedir, una y otra vez, para que lo que hoy parece imposible mañana lo sea menos gracias a nuestro compromiso y a nuestra insistencia. Ustedes, adultos que tienen en sus manos las riendas de la economía y de las empresas, han hecho mucho por nosotros los jóvenes, pero pueden hacer más. Nuestro tiempo es demasiado difícil para no pedir lo imposible. Confiamos en ustedes y por eso les pedimos mucho, pero si pidiésemos menos, no pediríamos lo suficiente.

    Pedimos todo esto en primer lugar a nosotros mismos y nos comprometemos a vivir los mejores años de nuestras energías e inteligencia para que la economía de Francisco sea cada vez más sal y levadura de la economía de todos.